Teatro en Chile

Según la mitología local, la primera compañía de teatro chilena fue creada por Bernardo O’Higgins, el Padre de la Nación, que ofreció la libertad a un grupo de soldados españoles a cambio de sus servicios de actuación. Aunque esta historia se remonta a principios del siglo XIX, el teatro tardó casi otros cien años en convertirse en un entretenimiento exitoso en el país.

En las primeras décadas del siglo XX, había varias compañías de repertorio (con un rendimiento constante y giras a nivel nacional e internacional). Este paisaje cultural se enriqueció con el trabajo de artistas europeos que llegaron a América del Sur huyendo de la Segunda Guerra Mundial. La influencia de la actriz y directora catalana Margarita Xirgu, así como del actor y director francés Louis Jouvet, dio origen a una nueva tradición local de teatro de arte, que fomentó la creación de teatros profesionales en tres universidades existentes: Universidad de Chile (fundada 1842), Pontificia Universidad Católica de Chile (1888) y Universidad de Concepción (1919). Desde su fundación, el Teatro Experimental (1941),  y el Teatro de Ensayo (1943)  en Santiago, y el Teatro de la Universidad de Concepción (1945) han actuado colectivamente como un teatro nacional no oficial. Produjeron obras clásicas (Molière, Shakespeare, Calderón de la Barca, Chekhov) y obras contemporáneas (Tennessee Williams, Bertolt Brecht, entre otras), y emprendieron la tarea de ampliar las audiencias teatrales.

En los años siguientes, las tres universidades crearon escuelas de teatro para proporcionar a los actores profesionales que necesitaban para mantener sus proyectos culturales en funcionamiento durante las próximas décadas.  El golpe militar de 1973 y sus consecuencias casi aniquilaron la vida cultural previamente floreciente; muchos artistas fueron asesinados, torturados o amenazados, mientras que otros se fueron al exilio. Dado que cualquier reunión de más de diez personas estaba prohibida, el teatro enfrentaba una paradoja.

Por un lado, aunque no se instituyó la censura formal, todas las actividades artísticas se sometieron a un escrutinio permanente. Por otro lado, el teatro se convirtió en el lugar privilegiado para que los opositores de la dictadura civil-militar se reúnan y recuperen el sentido de colectividad. Desde los primeros días del régimen de Pinochet, las producciones teatrales desempeñaron un papel importante al denunciar las violaciones de los derechos humanos; un compromiso sociopolítico que existió en Chile mucho antes de su fuerte desarrollo a principios de la década de 1960 y que representa un rasgo distintivo del teatro chileno hasta hoy.