Nueva ola del teatro chileno

¿El teatro joven pertenece a los jóvenes? Pía Gutiérrez discute el estado actual del teatro en Santiago y, en esta serie, destaca a cuatro jóvenes artistas y compañías que están teniendo un gran impacto en Chile hoy. Este editorial es parte de la serie, Spotlight on Chile, que presenta artículos, entrevistas y perfiles de creadores de teatro y compañías que crean trabajos en Chile hoy.

En colaboración con Nicolás Román.

Hablar de teatro nuevo siempre es peligroso. En primer lugar, porque la vitalidad de las nuevas producciones no está vinculada a los creadores de teatro más jóvenes, y por lo tanto, lo que puede esperar es ambiguo. ¿El teatro joven pertenece a los jóvenes en el teatro chileno? En segundo lugar, porque las nuevas producciones son una promesa, y apostamos a que las cosas que nos iluminan hoy seguirán siendo fuertes con el tiempo, pero las estrellas realmente brillantes pueden ser solo estrellas viejas a punto de morir. Me gustaría hablar ahora sobre el trabajo de cuatro creadores de teatro en sus 30 años, que creo que tienen propuestas tan renovadas e impresionantes que pueden considerarse una nueva ola del teatro chileno.

Aunque hay muchos nombres dando vueltas en mi cabeza (y permítame decirlo porque estoy siendo injusto con todos los que no nombraré), quiero dedicar este texto a cuatro artistas / compañías que me hacen Inquieto como miembro de la audiencia y ciudadano chileno. Esos cuatro ejemplos me hacen pensar en nuevas experiencias teatrales que se proyectan con amargura en nuestro contexto. Me refiero al trabajo de la directora de Paula González, la empresa Niño Proletario, Los Contadores Auditores y la empresa, La Resentida.

Pienso que la emergencia teatral que nos está inundando, a veces de una manera reflexiva e ingeniosa, y otras veces, como parte de la reproducción de discursos modelo, puede deberse a varias razones. Una de ellas es que nunca antes en nuestro país hemos tenido las condiciones materiales para producir teatro en esta magnitud. Estas condiciones son: la multiplicidad de escuelas para los actores escénicos; la solidificación de nuevos espacios y lugares de cultura, al menos en la capital; Las medidas políticas para financiar el teatro a través del fondo FONDART (la financiación de las artes). Este fondo, a pesar de tener un aspecto ambiguo, problemático y con pérdidas, especialmente cuando hablamos de proyectos creativos a largo plazo, mantiene un flujo de producciones anuales más grande que cualquier otra medida tomada en otras áreas.

Además de esto, el teatro chileno tiene una nueva relevancia en el ámbito internacional, ya que está siendo promovido en gran medida por la productora FITAM. FITAM organiza el festival internacional “Santiago a Mil”. Esta nueva relevancia del teatro chileno en el extranjero también puede deberse a la circulación colaborativa que varios artistas mantienen con empresas de otros países. Todos estos factores están dando cierta estabilidad a la producción teatral en Chile hoy en día que fue difícil de encontrar en otros momentos. Este asunto, sin duda, tiene sus pros y sus contras.

En esta situación, ir al teatro chileno en Santiago, que es la ciudad en la que vivo y al teatro, puede convertirse en una tarea compleja de cumplir. Primero, porque la información sobre los espectáculos realizados en lugares no oficiales es difícil de encontrar y, a veces, es infinita y secreta. En segundo lugar, porque los lugares oficiales, especialmente el GAM, se han convertido en el buque insignia de la producción cultural en Santiago y en una parte importante del proyecto gubernamental sobre las formas del consumismo teatral y de las artes en general.

Esta centralización se ha oscurecido y, tal vez, ha hecho precaria la programación de otros lugares como Matucana 100, Teatro del Puente o Lastarria 90, que, hace algunos años, solían ser lugares emergentes realmente importantes. Estos tres lugares incluso robaron algunas audiencias de los teatros de la universidad.